«Te veo como si aún estuvieras sentada a mi lado.
Te oiré hasta que olvide porque no te quise más este invierno.
Cuando el peine que dejaste, la miel que curó tu herida y la perla
negra de mi duda»
Viggo Mortensen («Linger») |||| Como un
padre que cría a un hijo, lo educa y le enseña unos valores ante la
vida, siento yo la música . (Roque Baños). Una de las grandes
bazas de la película de Díaz Yanes es sin lugar a dudas su banda
sonora. Una banda sonora que pasó por muchas vicisitudes antes de
elegirse al compositor y antes de que la productora diera el visto
bueno a una música que a ella se le antojaba singular y diferente a
las escuchadas en otros filmes de corte histórico. Primeramente se
había pensado en uno de los maestros más importantes del momento,
con una trayectoria avalada nada menos que por la trilogía del Señor
de los Anillos, entre otras importantes cintas. Se trata de Edward
Shore, un nombre que es por sí mismo sinónimo de calidad. Pero
parece ser que las aguas no corrían en la misma dirección que la del
afamado creador y al final las negociaciones quedaron rotas
abruptamente, sin mediar más palabras. Fue entonces cuando los
responsables de Alatriste pensaron en Roque Baños, un
compositor nacido en Jumilla (Murcia) en 1968, que había estudiado
saxofón y solfeo en el conservatorio superior de música de Murcia y
que en 1986, después de trasladarse a Madrid, se convirtió en uno de
nuestros creadores más solicitados. Una persona con la que se debió
de contar desde el primer momento dado su prestigio en filmes como
El robo más grande jamás contado , Salomé, La flaqueza del
bolchevique, El maquinista, Isi/Disi, El séptimo día, Los 2 lados de
la cama o Fragile , con los que ya había demostrado su
poder narrativo a base de ilustrar los temas más variados con una
música de corte clásico que no hacia ascos a la fusión. «Esta obra
ha sido uno de mis grandes retos, señala el maestro murciano. No
sólo por lo ya conocido «tiene que estar para ayer», sino por lo que
supone la propia historia para mi. El Capitán Alatriste me
entusiasmó desde que comencé a leer los libros. El hombre leal
honesto, discreto. El héroe que no quiso ser y acabó siéndolo, aún
abatido por la decadencia de un imperio, por los entresijos de una
corte, o por los caprichos de un monarca. Por el amor que no pudo
dar a una mujer a la que amaba, o aún país al que veneraba.
Para mí, continua escribiendo Roque Baños, todo eran
elementos que se debían reflejar en la música, especialmente en el
tema dedicado a él. Aunque de alguna manera, todos los temas estén
dedicados a él. Lo más difícil para un compositor es expresar el
sentimiento deseado con una música, ya que a todos no nos produce la
misma sensación».
Estas palabras definen mejor que nada la
estética formalista de un compositor que utiliza la música como
medio de expresión y trata a toda costa de hacerla visual y cercana,
para ello Baños utiliza unas sonoridades que le son familiares y
mezcla con especial sensibilidad.
La música de
Alatriste Roque Baño recurre a los largo de su composición a
sonoridades que para nada le son ajenas, procediendo temáticamente y
empleando un lenguaje sinfónico que en ningún momento emborrona el
caudal narrativo del filme. Dividida en veinte cortes, la música
hace un recorrido minucioso por cada uno de los aspectos más
relevantes de la película, desde Flandes, donde ya comenzaba a
ponerse el sol, pasando por personajes como Malatesta, Bocanegra o
Quevedo, hasta la dramática derrota en Rocroi, no sin antes
recrearse en escenas tan significativas como La Rendición de
Breda , el asalto al galeón (niklasberger), o la desoladora
imagen del héroe abatido. Desde el primer corte ya nos damos cuenta
de que Baños a hecho una música muy personal, si bien con fugaces
guiños a Zimmer, pero dejando su impronta inconfundible en temas
como La batalla , La mancha de la traición o la
desgarradora El héroe abatido , donde emplea todos los
recursos dramáticos en una suerte de marcha fúnebre en la que la voz
toma un protagonismo muy definido al subrayar la melodía con esa
especie de lamento quejumbroso que los coros, excelentemente
empastados, dibujan in crescendo sobre el sonido marcial de uno
lejanos tambores semanasanteros, y el toque a muerte de la reticente
campana. El fresco histórico comienza entonces a diluirse hasta
acabar en un persistente y lejano toque de timbales en obstinato.
Con la guitarra de José Antonio Rodríguez y el Chalomeu de Jaime
Muñoz, concluye, entre lirismo y abatimiento, esta magnífica banda
sonora que se acopla a la película como un guante a la ancha mano de
Alatriste. Aquí y allá aparecen apuntes al siglo XVII
español, bajo tres leitmotivs muy definidos que delimitan las tres
líneas dramáticas de la historia. Primeramente dibujando al
protagonista, el de los silencios, el «escueto», el que prefiere
hacer en lugar de hablar. Alatriste es un héroe atormentado por su
pasado militar, primero como soldado de los Tercios Viejos de
Flandes y luego como espadachín a sueldo; en consecuencia conjuga en
su melodía el heroísmo y la aflicción, descrito admirablemente en
«el héroe abatido» , que representa la ambigüedad del personaje. El
segundo de los leitmotiv , va asociado a la historia de amor entre
Alatriste y María de Castro Ariadna Gil, donde la melodía del XVII
adquiere un carácter melodramático.
El tercer tema subraya la
trágica relación entre Íñigo Balboa (Únax Ugalde), el niño al
servicio de Alatriste y la pérfida Angélica de Alquézar (Elena
Anaya). Un tema para Baños muy rudimentario, de poca entereza sobre
el papel, pero muy funcional y penetrante en la pantalla. La primera
escena comienza con el tema de Alatriste confiado a una contralto,
Helen Quiroga, y acompañamiento tenido de cuerdas, en un estilo muy
moderno, con mimbres de la new age . El tema se va desarrollando in
crescendo, hasta que los amantes acaban fundiéndose en un beso. De
abrasadora intensidad es el tema de tragedia entre Angélica e Iñigo
con los chelos y contrabajos como únicos elementos sonoros. Aunque
el corte dedicado a La playa muestra seguidamente ese rimo
marcial que el recurrente tambor inicia de forma heroica con los
metales en tutti. La escena de la playa está subrayada por el tema
de amor, que en este contexto expresa el aprecio que siente
Alatriste por Íñigo; cuando ambos echan a correr la melodía se
difumina para dejar paso a un ritmo marcial, en un tambor antiguo,
que nos introduce en la escena militar. Este ritmo en el tambor de
corte sinfónico y tintes heroicos, tiene reminiscencia de los
Carmina Burana de Orff, con proliferación de metales coronados por
una melodía rítmica para coro masculino, con texto en latín. El
final rezumando lirismo y abatimiento, con la guitarra de José
Antonio Rodríguez y el Chalomeu de Jaime Muñoz, ponen digno colofón
a esta magnífica banda sonora que se acopla a la película como un
guante a la ancha mano de Alatriste.
Roque Baños ha
demostrado una vez más con esta BSO que está entre los grandes
compositores Hollywoodienses, al crear con gran economía de medios
una partitura salpicada de heroísmo, tragedia, tradición y una gran
dosis de lirismo que proporciona al espectador las claves necesarias
para seguir pegado al asiento hasta que finalice esta fascinante
película.
«Como un padre que cría a un hijo, lo educa y le
enseña unos
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