córdoba.
Una lesión en el brazo izquierdo ha dejado
fuera de la programación artística del Festival de
la Guitarra a José Antonio Rodríguez, cuyo recital
Córdoba en el tiempo constituía uno de los
grandes atractivos de esta edición. Rodríguez sí
está presente en el programa formativo con
Naturaleza y forma de la guitarra flamenca,
curso en el que comparte cartel con Manolo
Sanlúcar, Manolo Franco y Paco Serrano. El
cordobés, que formó parte de la última gran gira
internacional de Alejandro Sanz, es uno de los
guitarristas flamencos más respetados de España.
–Pero a cualquiera le puede sorprender un
golpe de mala suerte.
–Sí. Por suerte, ya estoy recuperándome, aunque
aún no tengo el brazo plenamente operativo. De
todas formas, estoy en conversaciones con el Gran
Teatro para presentar Córdoba en el tiempo
el próximo año, ya veremos si en el Festival de la
Guitarra o en otro momento.
–¿En qué consiste el espectáculo?
–Es un espectáculo aparentemente sencillo.
Se trata de un recorrido sentimental por Córdoba,
por mis vivencias en esta ciudad, mis recuerdos,
mis impresiones actuales... Córdoba ha cambiado
mucho y cuando vengo la veo muy distinta de la
ciudad de mi infancia. El espectáculo incluye
diferentes estilos flamencos en un total de diez
temas. En él estoy acompañado por una formación
que probé en abril en el Teatro de la Zarzuela
junto al Ballet Nacional. Son diez músicos. Cada
tema tiene una instrumentación y una escenografía
propias, una ambientación concreta. He querido
hacer música, sin más, ajustándome a mis
recuerdos.
–¿Para cuándo su próximo disco?
–Ya he grabado algunas cosas y lo retomaremos
después del verano. Va a incluir los dos
conciertos para guitarra y orquesta que he
realizado hasta el momento. Es decir, se trata de
un disco completamente distinto de los anteriores.
Los dos conciertos, Viento de libertad y
El guitarrista azul, se estrenaron en
Córdoba, en 1990 y 2001. El disco lo vamos a
grabar aquí, con la Orquesta de Córdoba.
–Le gusta mucho asumir nuevos retos. Ahí
está su grabación La leyenda, para un
montaje de la Compañía Andaluza de Danza sobre
Carmen Amaya.
–Sí. En ese caso, fue un encargo de la
compañía. El montaje tenía guión de José Antonio
Ruiz, actual director del Ballet Nacional. Fue una
experiencia muy interesante y me sentí muy
orgulloso de que, en el estreno, la gente
preguntara por la música. Yo pensé que,
independientemente del montaje, cuyos derechos
pertenecen ahora al Ballet Nacional, se podía
hacer un disco con esa música. Y así fue.
–Pero quizá ningún proyecto tan dilatado en
el tiempo como El guitarrista azul...
–Cuando surgió la idea de El guitarrista
azul yo todavía vivía en Córdoba. Tenía
relación con Leo Brouwer y se me ocurrió hacer
algo con música electroacústica, proyecciones...
Pero nadie me entendía; aquello parecía utópico,
una locura. Sin embargo, seguí interesándome en
Picasso, sobre todo en su periodo azul. No me
gusta esa moda de crear algo aprovechando una
efeméride como es el caso del Quijote, un
momento concreto, una etiqueta... Esto era algo
mucho menos comercial. La época azul de Picasso no
ha inspirado a casi nadie, pero a mí sí. Es un
periodo muy interesante de búsqueda, de lucha, Al
final, se pudo estrenar en el Gran Teatro.
–Siempre ha estado muy ligado a la Bienal de
Sevilla. ¿Tiene algo preparado para la próxima
edición?
–Me niego a estrenar con cualquier pretexto
y en cualquier circunstancia. Todos los días estoy
en plena búsqueda creativa y aspiro a que todo lo
que haga tenga contenido. He estado ocupado
últimamente con muchos encargos para teatro y
danza y no he tenido tiempo para plantear un nuevo
estreno.
–Otro acontecimiento al que ha estado
vinculado en el Concurso Nacional de Córdoba,
donde ganó el Premio Nacional Ramón Montoya en
1986.
–Me marcó desde pequeño. Me colaba en los
jardines del Alcázar para escuchar a los artistas.
Me juntaba con Queco, Vicente Amigo, Paco
Serrano... Íbamos a ver a la gente tocar y
aprendíamos día a día. Había ganado ya en La Unión
y el premio de Córdoba fue importante.
–Usted conoció el éxito muy pronto. En La
Unión ganó con 17 años.
–Sí, quizá demasiado pronto. Ahora me encuentro
con alumnos que a esa edad todavía están
empezando.
–Ha crecido como guitarrista paralelamente
al desarrollo del Festival de la Guitarra. ¿Cómo
analiza el momento actual del festival?
–Siempre ha sido uno de los más importantes
en el campo de la guitarra. La variedad de estilos
es un rasgo que debe mantener. Ahora que estamos
inmersos en el proyecto de la Capitalidad Cultural
hay que pensar en el Festival de la Guitarra como
una seña de identidad de la ciudad. Un festival
grande para una ciudad grande.
–¿Cómo se está desarrollando el curso?
–El nivel de este año es bastante aceptable. En
otras ediciones ha sido mucho más bajo. Estamos
siguiendo el método que en su momento propuso
Manolo Sanlúcar, que funciona bastante bien. Lo
más curioso es que alrededor del 70 por ciento de
los guitarristas de este año son extranjeros. De
Andalucía hay muy pocos. El problema es que el
flamenco por dentro no se conoce. Algunos alumnos
tienen una buena técnica pero desconocen las
reglas de este arte. Nosotros, que hemos aprendido
gracias a la tradición oral, se supone que sí lo
sabemos, pero en realidad nadie nos lo ha
explicado. Y hay que tener en cuenta esas reglas,
porque si no a la hora de tocar puede salir de
todo menos flamenco.