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El
Ballet Nacional de España (BNE) vive una nueva etapa
bajo la dirección de José Antonio, bailarín y coreógrafo
cuya trayectoria ha estado ligada a la de la compañía
desde su fundación, en 1978. Ha sido primer bailarín del
BNE, luego bailarín estrella y finalmente director. Así
que conoce bien los entresijos de las compañías
públicas, ya que también ha estado al frente de la
Compañía Andaluza de Danza. Desde el punto de vista
artístico, es cauto a la hora de mezclar el repertorio
clásico con obras de creación actual.
–¿Qué
diferencias ve entre el actual BNE y el que dejó en
1992? – Hay una gran diferencia. En el 92 había todo
un recorrido, un elenco de bailarines que habían hecho
roles muy importantes. Era una compañía más consolidada,
que había recogido los frutos de todo su trabajo. Ahora
la compañía la forman gente muy joven y hay algunos con
mucho talento y posibilidades. En aquella época era una
plantilla fija, ahora son bailarines contratados, mucho
mejor para hacer una labor artística porque no estás
supeditado a un personal fijo.
–¿Cree que el BNE
ha perdido importancia? –En los últimos años sí, a lo
mejor por las circunstancias y no por la dirección. Ha
habido épocas complicadas y eso se refleja a la hora de
trabajar. Ha estado muy condicionado y los bailarines
deben responder con su trabajo, no con sus presiones. El
prestigio que el BNE tuvo en otros momentos ha ido
desapareciendo. Ocurre en todos los colectivos cuando se
estancan, pero hay un nivel que se debe de exigir a una
compañía pública.
–¿Cómo valora las tres
direcciones artísticas que se han sucedido desde que
usted se fue? –Cada una de ellas tuvo sus
complejidades. La dirección que a mí me pareció mucho
más convulsiva pero que por lo menos era una apuesta
valiente fue la de Aída Gómez. A algunos no les gustó,
pero al menos había valentía y frescura. Hubo un momento
en que el BNE se quedó como añejo, pero no con solera
sino con olor a naftalina.
–¿Qué cree que puede
aportar en esta nueva etapa? –Una serenidad que a lo
mejor no tenía en aquella época. Soy muy inquieto, pero
hay un camino recorrido y eso te da una perspectiva. No
estoy seguro de nada pero estoy con los pies más en la
tierra. En lo artístico soy absolutamente imparcial,
intento que los trabajos los hagan las personas que creo
que mejor pueden hacerlo. Antes luchaba mucho para
intentar que todo el mundo fuera feliz y eso es un error
tremendo. No se puede satisfacer a todo el mundo. Este
es un carro que aunque esté dirigido, la tracción la
tenemos que llevar todos. Si no hay una identificación y
un vínculo colectivo, no sirve de nada.
Carmen Amaya y Escuela Bolera –Hábleme
del repertorio de esta temporada. –Todo ha sido
ocasional, porque al no esperarme el regreso no tenía
nada previsto. El primer programa que vamos a presentar
en La Zarzuela es una recuperación de un ballet mío,
Aires de Villa y Corte, algo que creo que debe
aparecer en el repertorio del Ballet. Es la Escuela
Bolera tratada con un lenguaje actual y fresco, sin que
sea desarraigado. Es el primer trabajo que hice cuando
monté mi compañía “José Antonio y los Ballets
españoles”, pero en realidad era un encargo que había
hecho a José Nieto para el último año en que yo estuve
en el BNE. No lo llegué a montar pero la partitura
estaba hecha. Vuelve al Ballet después de un periplo. Me
hace mucha ilusión que se haga la Escuela Bolara
nuevamente y además con el aliciente de que en esta
ocasión va a ser interpretado con músicos en directo, de
la Orquesta Roberto Grandío, y parte de la Orquesta de
la Comunidad de Madrid, dirigida por José de
Eusebio.
–La Escuela Bolera atraviesa un momento
crítico ¿qué futuro ve? –Ahora prácticamente no se
baila. Creo que cuando salga alguien con peso, que
dedique sus esfuerzos a darle el reconocimiento que
merece, volverá. Las cosas que tienen valor no
desaparecen. Pero es difícil mantenerla si van
desapareciendo las personas que lo hacían con rigor,
pues cuando se haga dentro de unos años puede que sea un
híbrido sin esencia ni estilo ni raíz. Habría que tomar
cartas en el asunto, pues se debería preservar la
Escuela Bolera no solo como una pieza arqueológica, sino
para que tenga un desarrollo actualizado.
–¿Y la
segunda parte del programa? –Leyenda, es un
trabajo que hice en el 2002, del que estoy orgulloso
porque de alguna manera ha sido un peldaño para artistas
que son los que en esta ocasión he incorporado como
bailarines principales al Ballet: Úrsula López, Elena
Algado y Miguel Ángel Corbacho. Fue un trabajo
fundamental para ellas dos y una referencia para las
bailarinas actuales. Está inspirada en Carmen Amaya y
dedicado a ella, aunque intento no abusar de su nombre.
José Antonio Rodríguez creó una música bellísima que va
a estar interpretada por él y los músicos en directo. Y
también se presenta El Loco, de Javier Latorre,
un encargo de Elvira Andrés que he mantenido. Me parece
que es un trabajo valiente.
–Tiene pendiente un
trabajo con música de Chano Domínguez. –En julio
inauguraremos el Festival de Granada con Café de
Chinitas, con las ocho canciones de García Lorca
adaptadas e interpretadas por Chano Domínguez y su grupo
y con colaboración extraordinaria de la cantaora
Esperanza Fernández.
–¿Cuáles son sus prioridades
para el BNE ? –Lo prioritario es que los bailarines
cada vez bailen mejor y que salga gente importante de
aquí. Y luego no voy a hacer una compañía de autor, sino
que voy a establecer unos criterios para asentar el
repertorio. Este año coincide que hay repertorio mío,
pero en todas mis compañías he tenido coreografías de
otras personas; eso enriquece mucho a un colectivo. No
me interesa trabajar con gente que sean profesionales en
el sentido mecánico de la palabra. La profesionalidad
tiene que estar vinculada a la ilusión del que empieza a
bailar. Me gusta que haya una disciplina pero me gusta
ver seres vivos, con una identidad propia. A partir de
septiembre la compañía tendrá un taller para jóvenes de
16 a 21 años. Se va a hacer inicialmente una labor de
formación y de preparación de intérpretes y más adelante
estudiaremos el aspecto de la
creación.
Mantener la cordura –Y en
cuanto al repertorio ¿qué se propone? –Es algo muy
manido lo de que hay que preservar el repertorio
histórico, pero hay algunas cosas que son recuperables y
otras que el tiempo se encarga de borrar. Hay que
mantener la cordura entre el pasado, el presente y lo
que se avecina. Creo que el BNE debe tener un repertorio
pensado para sus intérpretes. Puntualmente se pueden
invitar a artistas. Quiero que la compañía esté más
identificada con trabajos que te crean una corriente de
sentimientos y de sensaciones más que con los que siguen
unos parámetros estéticos y que luego el tiempo se
encarga de atenuar.
–Y los nuevos creadores ¿qué
lugar tendrán dentro del repertorio? –Dígame dónde
están los nuevos creadores porque hay a lo mejor dos o
tres, nada más.
–Entonces ¿con quién colaboraría
en un futuro? –Hay personas que me emocionan. Eva
Yerbabuena, cuando sale a bailar ya te olvidas de la
coreografía, es una bailaora extraordinaria. Y luego
Ángel Rojas y Carlos Rodríguez, o Antonio Najarro, gente
que han pasado por mí y les tengo un gran
cariño.
Laura KUMIN
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